lunes, 6 de enero de 2014

LOS CELTAS PARTE 1

Cuando hablamos de los celtas siempre estamos prestos a imaginarnos guerreros rubios o pelirrojos, de poblada barba, belicosos, y siempre buscando pelea en las noches de borrachera; destrozándolo todo a su paso, y por supuesto, enormemente brutos. Eso demuestra que los arquetipos, a veces, fallan. Los celtas eran profundamente religiosos, y lo que hoy llamaríamos unos místicos. Quizá ellos fueron los primeros ecologistas, pues amaban profundamente la Naturaleza: los bosques, los ríos, las montañas y los campos; y cada animal que en ellos poblaba. Incluso las personas que no gustan de la Historia saben algo de los romanos, los griegos o los egipcios; pero pocos conocen apenas algunas cosas de los celtas. Provenían de una raza indoeuropea que se asentó, desde muy antiguo, en distintas zonas de Europa. Creían en la rencarnación; aunque quizá de una manera un tanto diferente a como la entendemos ahora. Para ellos la vida era puro movimiento; y al morir se tendía un puente entre una y otra orilla, la de los vivos y la de los muertos. Saben que la vida de este mundo es pasajera, y por ello no tienen demasiado apego a las cosas materiales, ni demasiado interés en crear asentamientos permanentes o grandes templos, a la manera de los egipcios o los romanos. Siente que es suficiente que les recuerde su familia. Su número mágico es el tres, y sus dioses, por tanto, suelen aparecer en tríadas. Su amor por este número se refleja también mediante el triskel, que el símbolo del sol de tres brazos, derivado de la rueda y emparentado con la esvástica, que actualmente está completamente denostada porque se identifica con la ideología nazi; pero que en su primitiva acepción no tiene nada de malo, sino todo lo contrario. El Triskel o las tres espirales, forma parte de la magia, el arte y las leyendas Celtas, pero también podemos encontrarlo en otras culturas más antiguas, como las orientales, en particular el Tibet, demostrando así un misterio muy profundo. Para los Celtas este símbolo tenia carácter divino, ya que era relacionado con la trinidad, compuesta por la interacción del cuerpo, la mente y el alma, que para los Chinos se componía del cielo, el hombre y la tierra. El Triskel manifestaba la creación, siendo un símbolo que otorga poderes para estimular la creatividad, como la salud y la protección general, que en conjunto conduce hacia la prosperidad y el bienestar, por lo tanto es un símbolo netamente positivo para el que lo porte. Tiene el triskel un significado bastante similar al del yin y el yan de los chinos, porque también presenta la atracción entre los opuestos; aunque en el triskel se incluye una tercera espiral, símbolo del hombre que se ha trascendido a si mismo hasta integrarse en Dios. No se puede acumular fuerza para ejercer una tiranía represiva, sino integrarse en la Naturaleza hasta acumular la suficiente voluntad, representada por la espada que portan todos los héroes. Los celtas reconocen el Bien y el Mal, pero en el medio se encuentra la Indecisión, el momento en el que el hombre es libre de elegir su camino. Hay famosas tríadas, como la de Tutatis, Esus y Tiranis; pero también la de Galahad, Perceval y Boores. También los egipcios, los hindúes y los persas gustaban de aunar a sus dioses en grupos de tres, y tenemos el ejemplo de la Santísima trinidad cristiana. Uno de los más famosos héroes es Bran, cuyo nombre tiene tres significados: cuervo, animal mítico entre los celtas, seno, en el sentido de protección y cobijo, y altura. El nombre de Bran lo lleva también un mítico guerrero irlandés, cuyo nombre cristiano será San Brandan o San Borondón, que ha llegado hasta la mitología de las Islas Canarias, dando nombre a la isla mágica que aparece y desaparece. Dice la leyenda que a Bran se le aparece una espectacular mujer que le profetiza el nacimiento de un Mesías, al que parirá una virgen. Bran y un grupo de hombres se embarcan en un viaje que debe durar tres días, en busca de ese Mesías, y pasan por distintos lugares, a cada cual más extraño: la llanura de los Placeres, donde el pecado no tiene cabida, la isla del Alborozo o la Isla de las Mujeres, que es la tierra del libertinaje. Cuando, ya cansados, quieren volver a las costas de Irlanda, se les prohíbe bajar a tierra; solo podrán ver la costa. Uno de ellos desafía el mandato y cuando baja a tierra, su cuerpo queda reducido a cenizas. Se dan cuenta de que no conocen a nadie, ni nadie les conoce, porque en realidad, el viaje que para ellos ha durado tres días, han sido varios siglos. Han viajado en el tiempo, que es otra de las místicas celtas. San Brendan de Ardfert y Clonfert (San Brandán, en su acepción española), también conocido como Brendan el Viajero, nació en 484 en Ciarraighe Luachra, cerca de la ciudad de Tralee, en el condado de Kerry, Irlanda y murió en 577 en Enachduin, hoy Annaghdown. Fue bautizado por el Obispo Erc en Tubrid, cerca de Ardfert. Durante cinco años fue educado por Santa Ita, "la Brigid de Munster" y terminó sus estudios bajo San Erc, quien le ordenó sacerdote en 512. Entre los años 512 y 530 San Brendan edificó celdas monásticas en Ardfer y en Shanakeel o Baalynevinoorach, al pie de Brandon Hill. Fue desde aquí de donde partió en su famoso viaje a la Tierra de las Maravillas. Los antiguos calendarios irlandeses celebran el 22 de marzo una festividad especial para la "Egressio familiae S. Brendani". San Aengus Culdee, de finales del siglo VIII, invoca en su letanía a "los sesenta que acompañaron a San Brendan en su búsqueda de la Tierra Prometida". Evidentemente, la historia del viaje de siete años se extendió y muy pronto multitud de peregrinos y estudiantes afluyeron a Ardfert. De esta manera, en pocos años, se crearon muchas casas religiosas en Gallerus, Kilmalchedor, Brandon Hill y en las islas Blasquet, con el fin de satisfacer los deseos de aquellos que buscaban la guía espiritual de San Brendan. Una vez instituida la Sede de Ardfert, San Brendan se trasladó a Thomond, donde alrededor de 550 fundó un monasterio en Inis-da-druim (hoy isla de Coney, condado de Clare), en la actual parroquia de Killadysert. Viajó a Gales y de allí a Iona, habiendo dejado en Kilbrandon (cerca de Oban) y Kilbrennan Sound las huellas de su celo apostólico. Después de su misión de tres años en Gran Bretaña, regresó a Irlanda, donde siguió trabajando en varias partes de Leinster, especialmente en Dysart (Condado de Kilkenny), Killiney (Tubberboe) y Brandon Hill. Fundó las Sedes de Ardfert y de Annaghdowny, erigió iglesias en Inchiquin, condado de Galway y en Inishglora, condado de Mayo. Su fundación más célebre fue Clonfert, en 557, nombrando a San Moinenn como Prior y director. San Brendan fue enterrado en Clonfert y su festividad se celebra el 16 de mayo.