jueves, 25 de julio de 2013

GEISHAS

Quien piense que una geisha es una puta está muy equivocado. Es cierto que la geisha puede acostarse con hombres pero solo si ella lo desea. De hecho hay muchas de ellas que tienen un danna o protector, una especie de amante fijo que las favorece con regalos o dinero, pero será solo si ellas lo desean. También es verdad que en ocasiones hay hombres que pagan verdaderas fortunas por desflorar a una geisha joven.
Pero a la geisha no se la puede tocar si ella no lo desea. Su oficio requiere muchos años, mucha paciencia y mucho dinero. Antiguamente las niñas solían comenzar a la edad de siete años, como una especie de criadas de jóvenes que ya eran geishas o estaban a punto de serlo. Aprendían a cantar, a bailar y a tocar el samisen, una especie de guitarra de pequeño tamaño. En esta etapa de sirvientas reciben el nombre de shikumi y a los quince años, si todo iba bien, pasaban a la categoría de maiko, con una hermana mayor a la que servir y de la que aprender.
Actualmente su número ha disminuido mucho, sobre todo después de la II Guerra Mundial. Se calcula que hoy puede haber en Japón unas mil, que prestan sus servicios principalmente en lujosas casas de te y restaurantes a donde acuden los hombres de negocios con gran poder adquisitivo. La geisha lleva un maquillaje totalmente blanco a base de polvos de arroz, los labios pintados con carmín muy coloreado y los ojos y cejas resaltados con trazos negros. Siempre llevan kimono, y algunos de ellos cuestan verdaderas fortunas. Los kimonos de las más jóvenes suelen ser de flores y vivos colores y en el caso de las geishas maduras son algo más discretos.
Llevan sandalias con cuña de madera que reciben el nombre de zoris, con calcetines blancos llamados tabi. En el pelo un moño tan complicado que en la actualidad muchas de ellas prefieren recurrir a las pelucas.