jueves, 4 de abril de 2013

ALICE KEPPEL

Su nombre completo era Alice Frederica Keppel y nació en Inglaterra en 1868. Su mayor hazaña y el hecho de que haya pasado, de alguna manera, a la Historia, es haber sido la última amante del rey Eduardo VII. También tiene el honor de ser bisabuela, por línea materna, de Camilla, actual duquesa de Cornualles, y que antes de ser legítima esposa del príncipe de Gales, fue su amor y su amante muchos años. Al final, los círculos se van cerrando y parece que a las mujeres de la familia les tiraban los Príncipes de Gales. La familia de Alica pertenecía a la nobleza menor y ella era la más pequeña de ocho hermanos. Se casa con George Keppel, séptimo conde de Albemarle, pero desde los primeros tiempos ella tiene claro que la aburrida vida matrimonial no va a ser suficiente. Quiere medrar socialmente y se vale para ello de su belleza, su simpatía y sobre todo de sus amantes. Se dice que su hija mayor, Violet Trefussis, no era de su marido sino de uno de sus amantes, Lord Grimthorpe. Alice era bella, discreta y muy culta, con lo cual los caballeros de buena posición se disputaban su compañía. Parece ser que esto nunca molestó demasiado a su marido, que solía irse de casa cuando llegaba de visita el amante de turno. Opinaba que las relaciones extramatrimoniales no eran nada malo, siempre que el asunto fuese llevado con discreción y elegancia. Conoce a Bertie, tal era el nombre familiar de Eduardo VII, cuando éste ya tiene 56 años, e inmediatamente se prenda de ella, no sólo por su belleza, sino porque solamente ella puede calmar su mal genio y darle paz. La relación durará hasta la muerte del rey y todo el mundo la conoce, hasta la propia reina Alejandra, que estaba ya muy acostumbrada a los amoríos de su esposo. De hecho llegó a hacerse muy amiga de Jennie Jerome o de Agnes Keyser, que habían sido amantes de Bertie. Con Alice nunca llegó a tener esa clase de intimidad. Se dice que a pesar del carácter apacible y bondadoso de Alix, nombre familiar de la reina, le desagradaba que su rival se presentase en las mismas fiestas a las que ella iba. la reina Alejandra, de origen danés, era una mujer todo bondad que sobrellevaba como podía su cada vez más aguda sordera y que trataba de ser feliz con sus perros, sus jardínes y el amor de sus nietos. El rey compartía con Alice sus inquietudes de gobierno e incluso secretos de estado; algo que nunca había hecho con su esposa, a la que estas cosas no interesaban lo más mínimo. Pero la reina era de esas personas buena por naturaleza y cuando su marido padece unas fiebres tifoideas, escribe una carta de su puño y letra a la amante para tranquilizarla respecto a la salud del hombre que ambas, de alguna manera, comparten. Y cuando el rey esté ya en su lecho de muerte, Alejandra manda que vayan a buscar a Alice y ella misma la conduce de la mano a la habitación del moribundo para que la pareja se pueda despedir. Después de la muerte del rey Alice se traslada durante dos años a Ceilán, para regresar más tarde a Inglaterra, en donde muere en 1947. En 1995 se emite un sello en el país con un retrato de Alice, acompañada de su hija mayor.

3 comentarios:

  1. Nunca entenderé la desvergüenza de estas denominadas familias reales, que deberían llamarse familias lupanares, cuando con el dinero de los impuestos se dedican a cuidar jardines y nietos por el módico precio de millones y millones de €. Las sinvergonzonerías y las cornamentas son indecentes en los denominados representantes del pueblo...

    Un inmenso abrazo, querida Mabel.

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  2. Anda, nos hemos despertado o acostado reivindicativos. Tienes bastante razón, pero las familias reinantes, las de antes y las de ahora, cumplían con esa anécdota de todos conocida de la burguesía catalana y el palco del Liceo; ya sabes: nuestra querida es más guapa que la del señor X...

    Como siempre, me encanta que te pases por aqui querido amigo. Un abrazo enorme

    Mabel

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  3. Muy interesante. Algo sabía, pero sus detalles me han refrescado la memoria, y he aprendido unas cuantas cosas, así que mi enhorabuena . Lady Marlo.

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