jueves, 14 de marzo de 2013

DE MAQUILLAJES Y AFEITES

Las mujeres se han maquillado y se han puesto afeites desde la Antigüedad; no hay más que echar un vistazo a las pinturas egipcias. En el siglo XVIII hombres y mujeres, indistintamente, cubrían sus propios cabellos con pelucas empolvadas que a menudo eran más un nido de bichos y parásitos que otra cosa. Solían blanquearse la cara con polvos y usaban una crema nacarada a base de azufre que provocó algún que otro envenenamiento. El siglo XIX es un punto de inflexión, pues la burguesía se abre camino como clase social importante en oposición a la antaño todopoderosa nobleza. Se ponen en marcha unas ideas bastante puritanas sobre el papel de la mujer en la sociedad, que es practicamente nulo. Se empieza a ver el maquillaje excesivo como propio tan solo de actrices y prostitutas; es decir, de mujeres de mala vida. Pero ello no quiere decir que las señoras no tratasen de mejorar su aspecto; tan solo se intenta que se note lo menos posible. A principios de siglo nace una idea un tanto peregrina y mala para la salud como medida para atenuar las arrugas. Se conoce con el excéntrico nombre de esmaltado de cara y consiste en lavar el rostro con una solución alcalina para después extender una pasta que rellenase las arrugas,colocando encima otra capa a base de arsénico y plomo. Este tratamiento se supone que tiene que durar un año, pero cuando la pasta es demasiado gruesa se agrieta al menor movimiento y es peor el remedio que la enfermedad, además de lo perjudicial que resulta para la piel. El rouge de labios nace alrededor de 1880 y se trata de una especie de pomada que se hace con mantequilla fresca, cera de abeja y colorante natural, a menudo hecho con uvas negras machacadas. Para blanquear la cara se usa polvo de arroz. Está de moda la piel blanca y las jóvenes de tez morena lo pasan francamente mal. Algunas beben en ayunas zumo de limón con la esperanza de parecer más pálidas. Todas las mujeres aspiran en gran medida a ser Margarita Gautier,la Dama de las Camelias. En los primeros años del siglo XX se usó bastante más el maquillaje, aunque durante la primera guerra mundial, por escasez y por economía todo se limita al rouge de labios y algo de vaselinas en los párpados. Sin embargo, en los locos años veinte y con la llegada del charlestón se usa el khöl, el colorete, rouge y pintura para los párpados, a la vez que las mujeres se cortan el pelo a lo garçon. La llegada del cine influirá definitivamente en la manera de maquillarse de las mujeres, que intenta emular a las actrices de moda en el momento

martes, 12 de marzo de 2013

ESTILO VICTORIANO

El adjetivo victoriano debe su nombre a la reina Victoria de Inglaterra, que tantos años estuvo en el trono y que tanto influyó con su especial manera de ver la vida en todos los aspectos de la sociedad de su época,en Inglaterra pero también por extensión en el resto de Europa. En la decoración, que es el tema que ahora nos ocupa, hablaremos de un estilo romántico, elegante y bastante femenino, aunque atemperado por el gusto por la pesada madera oscura, preferiblemente de caoba, nogal o roble. Las mesas de comedor son enormes, macizas, con grandes patas talladas y torneadas, muchas veces en forma de garras de animales que se posan encima de alfombras con intrincados dibujos vegetales o geométricos. En los drmitorios las camas enormes, macizas, altas y a menudo con baldaquino o dosel son las grandes protagonistas. Y como complemento téxtil se usa profusamente la seda, el terciopelo, el brocado o el damasco. Las cortinas suelen rematarse con flecos y borlas y es normal que las damas, en las tardes ociosas, borden incesamente cojines, almohadones y otros complementos que se añaden a la decoración de la casa. En cuanto a los colores, hay variantes: pueden usarse tonos profundos como el rojo, el marrón, el verde profundo o el dorado; pero también es frecuente una variedad en tonos pastel que se decanta por el malva, el ocre, amarillo o lavanda, que dan un aire un poco más fresco y contribuyen a atemperar la pesadez de las maderas usadas en los muebles. Los espejos suelen ir en marcos muy trabajados, de madera o metal y la iluminación corre a cargo de candelabros y románticas arañas que penden del techo. A veces el gusto por lo téxtil llega a ser agobiante, pues se suelen tapizar las paredes, bien en terciopelos pesados, con rayas o en ocasiones con temas florales. Dado que en ese momento la India forma parte del Imperio, es normal que se añadan a la decoración elementos exóticos; desde cabezas de pobres animales que han sido trofeos de caza o bien biombos y elementos orientales, asiáticos o africanos. En los baños la protagonista central es la gran bañera de patas torneadas apoyada en el suelo, junto con las jofainas, lavamanos, espejos y decoración téxtil. Se daba mucha importancia al gusto por los pequeños objetos hermosos, como cajitas, muñecas de porcelana, joyeros...Y las vajillas y juegos de té o de café solían estar decorados con florecitas y complementarse con servicios de plata delicadamente trabajados. Algunas interesantes imágenes de cocinas de la época victoriana Especial mención merecen las casas de muñeca de la época. Aunque eso ya requiere de un capítulo aparte

lunes, 11 de marzo de 2013

CONSTANTIN CHRISTOMANOS

En una ocasión la emperatriz Elisabeth de Austria le dijo a su profesor de griego " si uno no puede ser feliz a su manera no le queda más remedio que amar su desgracia". En aquel momento Sissi, como se la conocia en familia y como ha pasado a la Historia, tenía 57 años, y pocos le quedaban de vida. Moriría asesinada a los 61 años en Ginebra. El nombre de este humilde profesor de griego, que sería una de las personas más cercana a la emperatriz en los últimos años, era Constantin Christomanos, y tenía unos 25 años, con lo cual podría haber sido sobradamente su hijo. Era de apariencia insignificante, flaco y contrahecho, pero Sissi le aprecia y le hace confidencias. Fruto de estas conversaciones, el profesor escribiría luego un libro en donde cuenta muchos aspectos íntimos de la vida de la soberana. Por él sabemos que gustaba mucho de la Filosofía y también del esoterismo, que tenía premoniciones y le daba gran importancia a los sueños, a los que atribuía un sentido profético. Sissi se había comprado en la isla de Corfú un palacete al que bautizó con el nombre de Aquilleion y para entrar mejor en situación decide aprender griego, motivo por el cual entra Christomanos a su servicio. Pasan juntos mucho tiempo y a menudo le acompaña en sus viajes por mar en un yate que le ha regalado la reina Victoria de Inglatera. Incluso cuando muere su hijo en la tragedia nunca aclarada de Mayerling es el griego quien recibe con ella la noticia de la muerte, pues le está dando clase en ese momento. Sissi era neurótica y anoréxica aunque entonces no se conociese esta enfermedad, y también profundamente narcisista. Además de su peso, también estaba obsesionada con su cabellera; a decir de todos la más hermosa de Europa. Cada catorce días se sometía a su lavado y cuidado con un champú especial hecho de yemas de huevo y coñac, lo cual le ocupaba un día entero. Para no aburrirse, recibía sus clases de griego. El pobre maestro ya no se asombraba de nada, pues la conoció vestida con un traje negro de corte y rematado de plumas de avestruz y haciendo anillas en su gimnasio. Dicen quienes le conocían bien que el joven profesor nunca se recuperó de la muerte de Elisabeth.

sábado, 9 de marzo de 2013

RÚSTIMO, O LA CRUELDAD

No hay persona ni siquiera personaje, por muchas luces que tenga, que se libre de las sombras. Y desde hace un tiempo, no me pregunten ustedes por qué, para mi tengo que las reales personas, que no las personas reales, menos que nadie. Elisabeth de Austria, la inolvidable Sissi que el gran público conoce por esas películas no aptas para diabéticos de Romy Schneider, no fue lo que la Historia nos ha legado, ni para bien ni para mal. Como todo ser humano, podía ser altruista y mezquina a la vez, encantadora y temible, de tierno corazón o dura como el pedernal. Sobre todo, no fue esa niña tonta que la Historia nos ha querido legar, sino una mujer inteligente, adelantada a su tiempo, intelectual incluso y también profundamente neurótica, egocéntrica y narcisista. A pocas personas amó en su vida, si entendemos el amor como un sentimiento profundo, desinteresado y alejado del propio ego. Amaba a los animales, sobre todo perros y caballos, pero también aves y especies exóticas. Gustaba de los perros grandes y los perrillos falderos que sus damas querían como animales de compañía le resultaban molestos. En una ocasión permitió que su enorme perrazo Shadow, al que llamaba de esa manera porque la perseguía de continúo, era su sombra,destrozase literalmente al perrito de su cuñada Carlota de Bélgica, la que llegaría a ser infortundamente, emperatriz de Méjico. Pero quizá el espisodio más cruél, al menos para quien este artículo escribe, fue el de Rústimo. Y ustedes se preguntarán, con mucha razón, quién es Rústimo. Pues era un pobre hombre, de pequeña estatura, contrahecho y de raza negra, que el sha de Persia le regalá a la emperatriz con una ocasión de su visita a Viena para una exposición universal. Isabel lo acogió con alegría porque pensó que podía ser una estupenda compañía para su hija pequeña, Valeria, la única de sus hijos a la que más o menos crió personalmente. Todo fue bien mientras que Rústimo estuvo sano y fue joven; era un adorno más, como los loros y papagayos de vivos colores de su zoológico. Pero cuando le llegaron los achaques y ya la archiduquesa Valeria dejó de ser una niña, la emperatriz no tuvo empacho alguno en mandarle a unan institución de pobres y desamparados, en donde murió solo.

domingo, 3 de marzo de 2013

ZITA DE BORBÓN EN EL PAÍS VASCO

Dicen que fue Zita de Borbón Parma quien empujó a su marido y último emperador de Austria y rey de Hungría, Carlos de Habsburgo, a que se hiciese con el poder en Hungría mediante un golpe de estado. Pero fracasó, y la familia fue desterrada a la isla de Madeira, que antaño había servido de lugar de cura y vacaciones a otra emperatriz austríaca, Sissi. Si la neurótica esposa de Francisco José fue allí a curarse de su tuberculosis, su sobrino Carlos fue a entregar su alma a Dios, a causa de una neunomía y de las muchas privaciones. Dejaba viuda, siete hijos pequeños y otro en camino. Nadie quería acoger a tamaña prole y Alfonso XIII, quizá empujado por su madre, que al fin y al cabo era Habsburgo, les envía un barco y les aloja en el Palacio de El Pardo una temporada,al menos hasta que Zita da a luz. Luego les consiguen alojamiento en un viejo palacio de Lequeitio, en Vizcaya, aunque como necesita bastantes arreglos, todavía habría de estar la familia un tiempo en San Sebastián, primero en un hotel y luego en un destartalado palacete de la calle Oquendo, donde ahora está la iglesia de los Capuchinos. Alrededor de los años 1922-23 se ve a la emperatriz, siempre de luto y velada de negro, como acude casi a diario a la misa en la basílica de Santa María. La reina Cristina, cuando está en Miramar, suele enviar un coche cada tarde a que la recoja a ella y a sus hijos. Mientras ellos juegan con los nietos de la reina en los jardínes, las dos damas suelen tomar juntas el te. Todavía, antes de recalar en Lequeitio, estaría Zita una temporada en Mundaca y en Portugalete. El ayuntamiento de Lequeitio, con la ayuda del rey Alfonso XIII, compra el palacete y lo cede a la emperatriz para que lo ocupe mientras quiera. Allí organiza Zita los estudios de sus hijos, prestando especial atención a la educación del mayor, Otto. Cuando en 1929 muere la reina Cristina, con hondas raíces en todo el País Vasco, pero sobre todo en San Sebastián, Zita entiende que su tiempo en aquella tierra ha terminado, y se van de Lequeitio hacia Bélgica